Querer es poder

De la A la L: ¡ala buena de de Dios!
 
Parte 2
Querer es poder
y
Todos los caminos conducen a BRITO
 
Retomando el hilo del lunes de revelación kantiana (deuda de Cosas de Lunes), soy ave aleteando errante en su deseo de salir volando de la inercia y del desorden.
 

 

I.
Del Creer que… Querer es Poder
 
¡Tanto que le gustaba a mi sabio progenitor llenarnos de certezas! Ante cualquier problema que le consultaras, sellaba su récipe facultativo con garantía personal de que, sin excepción, querer era el único requisito de poder.
 
 “Jazmín…” solía llamarme el susodicho, no menos porque ese mismo ¡es y siempre ha sido! mi nombre de pila.
 “Jazmín …” -me decía- y cuando le daba por zalamero lo pronunciaba  “ajjj-miiín” (con prolongada aspiración en majadera jota,  añadiéndole propia melodía a lo del -miiiiin). 
“Jazmín…” insistía (¡no siempre!: solo a efectos de dramatizar)…¡querer, es poder y el que quiere…  ¡¡¡puede!!!”.
Y ese “¡puede!” era ¡tán! categórico… Como si el honor de su palabra dependiera de él.
 
Al principio, era puro dogma y vibraba en mis adolescentes oídos casi como un trabalenguas. Trillado. Exagerado.  Un poco simplista y un tanto mitológico. ¿Cómo va a ser que con solo “querer”, ibas a poder?
Ah!!!: exclamación a posteriori de este experimental Conejillo de Indias: “es que querer no es un simple decir, ni un fatuo desear” Y ¡jamás! es pasivo.

Como siempre, tratándose de mi padre, era la intensidad de la mirada con la que acompañaba cada uno de sus dictámenes la que pautaba el desafío de imperativo y te hacía ahondar en  reflexión.
 
Creo que esta estrofa (tomada de una de mis propias rimas apologéticas del 2008) engloba su pensar:
 
No habrá huida
ni habrá yugo;
chantajista ni verdugo.
Ni derrotas,
ni emboscadas;
 medias tintas, medio hacer;
 
No hay destino sin camino
y, aunque te parezca duro,
¡Llegarás!
(si así lo quieres)
Con tu empeño: ¡¡¡Puede ser!!!
 

 
 
Asertivo, hasta en la básica cotidianidad de su expresar (mi mentor-progenitor, digo). De opiniones claras, inteligentes y absolutamente convincentes. Ni falta que jamás le hizo explayarse en sinonimia didáctica. No es que no lo hiciera, – ¡porque lo hacía! –, y con gusto nos deleitaba en academia de sermones mientras asumía y ¡se lucía! en su magnífica elegancia de orador.
 
En cambio yo, tanto por vocación de intérprete como por imitación suya, ¡gozo! en retórica, sacando la propia pata con mis tontas y redundantes notas entre paréntesis y pies de páginas (la más de las veces pecando de pedante). Y cuando lo hago (¡y de que lo hago ¡lo hago!) es por colaborar en perpetuar la tradición familiar en eso de dramatizar.
Lo que se hereda no (siempre) es “helecho” en sí…

Mi voz de intérprete insiste en traducir que –si querer es poder: ¡puedes!; y si puedes, ¡debes!–  y, mientras más desees algo, mayor será el “placer” de invertir todo el entusiasmo de tu convicción en el calórico desgaste que el magno objeto requiere.  
Ergo: ¡Kant!
 
Opus Magnum ¿o Kant-inflada…?
Que conste que –inflada y todo–, esta interpretación de Kant es más mía que de Mario Moreno.

Pretencioso ejemplar de Homo Sapiens: ¡¡¡Yo!!!  (no Cantinflas).  Dije expresamente “Homo Sapiens” y  ¡muy adrede! no dije “Homo Erectus”.
¿Y eso porqué, jazmincita?
¡Caveat!: todo lector ha de alertarse ante diminutivos de su propio nombre.
Porque pobrecita yo (¡pobrecito el mango!) estoy arrancando mi cuento del Querer es Poder en contradictoria impotencia. No estoy pudiendo lo que quiero (¡estoy auto-endeudada!) y ando en lo “metafórico” por no poder andar propiamente en lo “literal”. Lo que llaman un compensar de andares.
¡Disculpen! no quisiera que mi necio divagar les enredara la lectura, pero si no lo escribo,¡no sabrían lo frustrante que resulta comprobar la cantidad de verbos del “querer es poder” que resultan impracticables a quien no puede lo bípedo!

Kantinflada No 1
Feliz el Homo Erectus en su circunstancia de bípedo en gerundio.
 
¡¿Que impertinencia es esta?! (Oyese voz de interlocutor impaciente)
Seré impertinente ¡mas no irrelevante! Y es parte de mi carácter tratar de contrarrestar (con humor) lo tedioso de mis propios temas.
 ¡Al grano, m’ hija!
OK, pues! Admito que estoy abusando de la tolerancia del buen entendedor. Permítanme entonces, sacar la pata introduciendo uno de mis pies de pagina*  

* Empecemos de nuevo.
 
Estamos finalizando el 2016. Le ruego al señor-lector (señora-lectora) expenda la generosidad de su indulgencia a la suscrita, quien hoy se encuentra corporalmente adolorida, viviendo (a nervio pelado y en primera persona del singular) un latinazo de etiología que hace de una prolongada indisposición neurálgica el ejemplo perfecto para demostrar que: claro que querer es poder! ¡Si! Pero a veces su inmediatez ¡duele!
 
¡Lo cual no me impide arrancar en mi narrar! Arrancar, despegar, volar…
 
Aleteando las alas del kantiano vuelo, soy ave errante del azar; con la aclaratoria de que, a estas alturas de mi vida, me ha dado por quedarme pegada en atavismo de mejores tiempos patrios: “Moral y Cívica” (y demás aparentemente obsoletas “necesidades”)
 
¡Oh, de ello, Maestro Bello!
(llora en lamento un Simón)
¡Tanto perdió la Nación, que
Duele en el alma, mi don!
 
Nunca deja de dolerme el daño que le hizo el chavismo a la Venezuela de las siete estrellas!

Kantinflada No  2: ¡Fin del Prologo!
 
El fin de este cuento es inexorable y, sin haber llegado a él (aún), es un logro en sí mismo el haber salido de una dolorosa inercia. Emprendido “el proceso” se irá logrando (solito) el fin.

Kantinflada No. 3 El fin es el cuento en sí.
 
No vayan a esperar espeluznantes suspensos en la trama ni el shock de oscuros secretos repentinamente revelados. Simplemente esto: como me es ¡tan! placentero  escribir, el solo ponerme a hacerlo me resulta imperativamente tentador. Ergo: ¡Querer es deber!
 
No hay finales sin contares
y, aunque duela en mil neuralgias…
¡Llegaré al final  
(si quiero)
Pues mi empeño ¡lo hace ser!
 
 
Kantinflada No 4 (¡y paremos de contar!)  El Trecho.
 
“Del dicho al hecho hay mucho trecho”.