Comienza el Nuevo Año 2018 y le abre la puerta a una Musa empeñada en demostrarme mi falta de fe cristiana.
 
Por supuesto que no me gustó su implicación y tampoco es el caso (necesariamente); pero… ¡Hay que demostrarle que no tiene razón! Una Musa no es un manso interlocutor cualquiera: ¡Hay que escribir para creer!
 
Y aquí estoy, lista para alimentar las pestañas del índice 2018, a mediados de Enero, con una medallita de la Virgen Milagrosa en mano. Y me explico:
 
Con todo el amor de su nonagenario corazón, la medallita en cuestión fue un obsequio del 2017. Me la regaló una beata señora de nombre Carmencita (mismo de mi hermana menor). Carmencita es cristiana hasta la médula y, en su infinito espíritu de bondad, para la Navidad me entregó aurea figura de la Milagrosa de su devoción, a pesar de que el año anterior ya me había regalado la alegórica medallita de plata.
 
En ella, Carmencita y el respecto a su fe, su magnífico intelecto, amor y patriotismo doy inicial gratitud al fruto de la inspiración.
 
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