Con la L de elefante y con la K de camaleón
                                                                                                 
La vida es fabulosa y no solo metafóricamente. Es literalmente fabulosa por donde la mires y mientras más racional, lógica y sensata te haya parecido alguna vez, más ficticia e inverosímil la verás, a la larga.
 
Para comenzar, el título de hoy.
 
Eso de tomar al azar (¿al azar?) una letra cualquiera del alfabeto (¿cualquiera?) y completarla en pronunciación para acomodar intelectualmente a un mamífero con trompa o un reptil en camuflaje, es asociativo-imaginativo rayando en locura kafkiana (¿o seré yo  la única “mosca” en este asunto?)
 
Por aquello del producto y del orden de factores, si mi título hubiera sido, por ejemplo, Con la K de KLM , la narrativa emprendida (y por ti esperada) habría sido una de aéreas aventuras en comerciales vuelos trasatlánticos desde y hacia la real Holanda.
 
¿Será que el idioma es pura musical travesura donde, por acústico redondeo de sílabas, logras materializar la promesa de la aventura…?
 
¿O es esquizofrenia fonética?: una especie de “locura” verbal instantánea, donde ves la abrupta aparición del objeto no palpado (mas sí intuido) y “muy cierto” si tan solo por dicción materna?
 
¡Qué disparatado discurrir! y a eso mismo me refiero:
 
¡Cuán inverosímil la naturaleza!
¡Qué (galicadamente) fantástico es el lenguaje humano! Y a la vez:
¡Cuánta verosimilitud en nuestra imaginación y capacidad de abstracción!
 
No en vano son ilustrativas y educadoras las parábolas, si hacen de mitología moraleja y entresacan, de la zoología: el patrón. No es por nada, pero esto me está quedando “de fabula”, así que: ¡gracias, Esopo, por “eso” (el racionalizar de las defensas con zorradas de uvas verdes).
 
Para poder continuar,  apelo clamorosamente a la más indulgente visión del búho de tu atención,  pues pintoresco mi narrar ¡es pura fábula! (en asombro y fascinación).
 
Como dije, la vida es fabulosa: un fantástico sombrero de sortilegios, donde El Conejo es la sorpresa. Mejor dicho, es mucho más que la sorpresa, pues es: ¡la promesa! de esa sorpresa.
Y, como lo prometido es deuda ¿quién nos culpa por intuir, desear y anticipar al Conejo con la máxima certeza de la esperanza?  
 
El Conejo es el premio tangible. Habrá de hacer su esperada aparición (por arte o por magia), a redoble de tambor y al sonar de los dedos: pero indefectiblemente saldrá de ese sombrero, a la cuenta de 3, vivito y colgando de esa mano en albo guante legitimador de la promesa.
Nunca deja de ser un espectáculo fabuloso.
 
“Lógicamente” la  magia es ¡irreal!  Y “mágicamente”, la lógica confunde. Todo depende de la hora del día, del orden de los factores, del color de ese bendito cristal. Pregúntenle a Dalí.  
No obstante si hay algo “cierto” en el sombrero de la vida, es que siempre hay un conejo estrella; y si en el verlo está el creer pues ¡que viva el guante blanco de quien nos lo extrajo! Y bienvenido seas, conejillo de mis Indias, que estás donde antes ¡no estabas!! (¿no estaba?).
 
Parece ser que mago es –a conejo– lo que “poder” es al querer. Lo que el ver, al creer.
Ahora sí: ¡ahí está! ¡lo estoy viendo!.  Antes no lo viste; ergo: ¡no estaba!
De apariencia sencilla y de ingenuo embelesar: así es la magia del “¡ahora sí!” Pregúntenle a Dalí.
 
Siendo que Dalí nos pinta la vida en un super-realismo de apariencias, en propia versión de surrealismo criollo, Venezuela se lo dejó comprobado al mundo: “Señores, ahora ¡no hay! lo que antes ¡¡¡sí había!!!” Fíjense bien: nada por aquí, nada por allá….
 
No es gracioso, pero lamentablemente sí es cierto que –del sombrero de la vida venezolana–, se esfumó ¡todo!: completa y absolutamente ¡todo! como quien dice: “de un solo guamazo”. ¡Guamazo!: manotazo, puñetazo…  Amputada aquella mano delicadamente enguantada en níveas promesas de sonrisas de la magia, retoña ahora, al rojo vivo, la vengativa y punitiva represalia: un golpe bajo, de tramposo boxeador. Y en el lugar del Conejo de las Suertes,  aparece, por obra de perverso surrealismo, una nueva especie antropomórfica en la sorpresa: el vampiro y la sanguijuela, vestidos en su hemoglobínico traje de gala.
 
Oh-oh! Mejor será no adentrar en el tema porque me sale demoníaco rabo con cachos y me pongo ¡fea como un sapo! ¿Quién dijo que el sapo era feo? Y aunque lo fuera, ¡pregúntale a quien lo besa si eso importa!.
Surreal el nuevo “orden de factores”…
 
Mi narrar de hoy es pura fábula. Como la vida misma que, a pesar de estos vampiros y sanguijuelas, siempre la seguiré viendo fabulosa.  Pues la vida es del tamaño del conejo de tu expectativa.
¿Conejo?
¿Alguien dijo conejo? “¿Qué hay de nuevo, viejo?” y suena, asociativa, la voz de traducida comiquita, haciendo contagiosa tu sonrisa; pues Bugs Bunny tiene la suerte de ser el conejo del humor por excelencia y es el antónimo ¡y el antídoto! de la sanguijuela.
 
Nacido del Sombrero de la chispa y del ingenio, sale de un escudo-emblema con dos consonantes que, al verlas, te colman la promesa del disfrute: bendito el colorido del mundo anecdótico de los dibujos animados. Los creadores de Bugs, binomio WB* (Warner Bros) son hermanos de rochelera filosofía ¡de fábulas por excelencia! Y la moraleja no queda en puro chiste de conejo, sino que pica y se extiende pues cada corre-corre de las aventuras de nuestras vidas, nos hace vernos reflejados –Coyotes del infructuoso ingenio– perseverando en la faena.
 
El mundo de las historietas es un artístico experimento, metáfora de psicología y su patología, terapia y sabiduría; su éxito yace en la comprobación gráfica de que nuestro errar humano puede ser tan divertido como cada uno lo quiera ver, pues el protagonismo zoológico nunca se sentencia con la severidad con la que se condena el manicomio humano. Y la vida es una interminable corre-caminadera Esopo-niana entre liebres y tortugas y el “bip-bip” de quien nos pasa impulsa la meta del sonreír…
 
Sí, en verdad que la vida es fabulosa…
 
Estoy aburrida, ¡como un burro!  Estoy emperrada como un perro y empecinada (¿como un pez?)
¡Avíspate chica!, (sal de tu estupor). ¡Mosca! (alerta y toda ojos). Es hora de tomar las riendas del caballo de tu destino!
 
Aburrida…¿En este siglo de las siglas?
 
Subliminalmente opto por el control remoto de mi TV y presiono el botón correspondiente. Quiero ver un DVD y por arte de magia (digo yo) aparece melenudo ¡un león! rugiendo (¿bostezando?) en el centro de la pantalla… Ah! MGM: la promesa de una aventura…
 
¡Elevado es el honor de contar con cerebro, memoria ¡y alfabeto! para  poder concebir, interpretar y satirizar en disparate asociativo todo cuanto sea capaz de ocurrir en el plano de “la realidad”, en el chispazo del momento y/o en este relato. Cualquiera de los tres que suceda de último. ¡Ánimo, pues!
 
Voy caminando por la calle y ¿adivina con quien me encuentro? Pues con ¡fulanita! ¿Te acuerdas de fulanita? Parece una vaca. Ya debe ir por la XL.
 
XL: Dos maravillosas consonantes (¿¡numerales romanos!?) y los han asociado a tan noble mamífero. En este caso, las tallas de la indumentaria de la boutique de la vida dan el letrado juicio de valor de nuestro políglota ideal de anatomía: S (de esmól), M, L, XL… y mientras más X´s anteceda a esa L, peor para ti –aunque mejor para la vaca, porque el ojo del amo parece ser que es el que viste al ganado.
 
En la fábula de la moda, nos encontramos con que es la L la que define el límite entre lo animal y lo aceptablemente humano; ya la L es de L-fante; XL: de vaca, XXL: de ballena; XXXL: de mastodonte, primo extinto del L-fante del título de hoy. Al final siempre se vuelve al punto de partida.
 
Lo que no entiendo es ¿porqué lo de la X y la L nos causa risa? Si la vaca supiera no le haría la menor gracia. Sin embargo ¡existen vacas que se ríen! Las he visto X veces en comiquitas, en la TV (¡CNN no miente!). Me explico: en las propagandas y en los refrigerados anaqueles de los Supermercados (con S de Super-man, no con la S de Sanguijuelas), hay una línea de productos lácteos llamados: La vache qui rie… Como ves, hasta comercialmente se simbolizan emociones humanas en una vaca; y en el caso de ésta vaca (que es francesa), si siguiéramos infiriendo por láctea deducción,  terminará su relato en queso Camembert. ¡Claro!: si hay un solo fabuloso paso de vaca a leche y de leche a mantequilla; de leche a yogurt…de leche a crema…. Y por extendida analogía podríamos continuar la asociación, por ejemplo, de leche pura a pasteurizada, uperizada, descremada (desnatada), condensada, evaporada, agria,… leche malteada y hasta (¿porqué no?) leche ¡achocolatada! Nescao, por ejemplo.
 
Si siguiéramos concatenando comestibles lácteos no podremos evitar llegarle al Conejo de la Pascua que, siendo de Chocolate, tarde o temprano le deberá su cacaó-tica vida a la leche. Y ni Bugs Bunny sabe exactamente porqué fue que terminó siendo icono por excelencia de la pascual Semana Santa…
Y tampoco se explica ¿qué tendrá él que ver con los huevos de pascua?
Y sin embargo, es un hecho que, sin ponerlos “ponerlos”, el Conejo ¡los puso! (de relieve) y bien puestos que han quedado, al menos en el plano del chocolate en tiempos pascuales.
 
Ver el link: Conejo de la Pascua
 
Todo esto lo sé y lo asevero porque ¡allí están! los estoy viendo: miles y miles de huevos de chocolate, en todos los tamaños y colores de envoltorios. Los veo; ergo: existen.  Claro que no en la Venezuela de hoy en día, en la que Las Sanguijuelas substituyeron al Conejo y no solo lo hicieron extinto sino que también lograron hacer desaparecer huevos, leche, y cualquier asociación con la L y hasta la K de caos…). Pero sí, por acá ¡sí hay!, los estoy viendo, tentándome desde los prósperos supermercados centroeuropeos, abastecidos hasta el techo gracias al guante blanco del mago de Lindt  que, en metamorfosis de lecitina, moldeó al Conejo en la figura suprema del premio-promesa;  y ese Conejo, sin ser la vaca de los huevos de oro,  ¡los puso! y los dejó envueltos, como regalitos-sorpresa, en papel de aluminio de múltiples colores, mientras que él mismo (Conejo) se viste de gala pascual en ¡dorados! adornado su cuello con cintica de seda de la que cuelga en dije, una delicada campanita ¡¡¡de vaca!!!… (¡cosas típicas de Conejo, pues!)
 
Y ahí te lo traje de vuelta: al Conejo de todas las sonrisas, el de la Suerte, el del Sombrero del Mago, el de golosos y coloridos sabores; ese mismo conejo de WB, que va asociado con Nescao por inducción extraordinaria de la suiza Nestlé, cuya marca registrada –a su vez–identificas  inmediatamente por el logo de un ¡¡¡nido de pájaros!!! como para hacernos menos irreal la bizarra asociación de ave con lácteos, en especial con ¡leche en polvo!... ¿Será para explicarnos lo del huevo de la pascua?
 
Bendito sea Bugs Bunny que, en zanahoria del humor, es capaz de hacernos disparatar en arte-magia. Y todo culmina en francoparlante humor, donde un quesito es emblema de vaca que, de tanto reírse, se pone morada (inconfundible color Milka) y, sin dar leche del color de la lavanda, pone huevitos de chocolate con nombre de Kinder: y les mete “sorpresitas” adentro (¡cosas de conejo veréis, Sancho!), y cuya ingesta exagerada abulta fisionomías de féminas golosas y las asemeja a Petunia-Pig… y me mueven hoy en aullido de coyote contra púgiles sanguijuelas, mientras por las rutas de los correcaminos de las modas, en traje de múltiples consonantes, se sueñan sueños en los que se cuentan cuentos inverosímiles de magia y de conejos.