Cosas de Lunes: inminente voluntad de enmienda ante (sensación de) desorden acumulado.

 

De la A la L ¡y alabado sea Dios!
 
Parte I
Comienzos, Voluntad de Enmienda y demás Cosas de lunes.
 
Personajes
 (por orden de aparición):
 
Hercules Poirot
Immanuel Kant
Tony Little
El coronel Sanders
Un coro musical misceláneo,  cuyos familiares rasgos faciales son mera coincidencia
Sigmund Brito, profesor de matemáticas
López y su jefe.
Frank Sinatra
Mafalda
Sir Arthur Conan Doyle
Ricitos de Oro
La suscrita.
 
Lunes. Se abre el telón, a las X a.m. Al simultáneo abrir de sendos ojos, retumba imperioso comando.
 
Sin aviso y sin protesto (como quien dice), en algún amorfo momento de pre-consciencia matutina, debo haber caído vertiginosamente en cuenta del “caótico” estado de mi vida. ¡Exageraciones, sin duda! (dirán los escépticos); pero…mi corazón asiente y, en desgarradora anuencia: ¡consiente! y aprueba sentenciar a muerte (si bien piadosa y humanitaria) al causante del limbo de las confusiones y del desorden existencial en el que le ha tocado latir.
 
No habiendo pataleo (acústico o visible) con uno mismo, se abre la escena de hoy en aparente placidez; y revela a la suscrita -tormenta antes de la calma- en ropajes del dormir, en vías de desenrollo de éstos, preparando la despedida del plumado bastidor de la inercia. 
 
Ya no hay marcha atrás. Imperioso, il mio cuore es Primer tenor solista de La Coral de mis enmiendas y sus sístoles ya han predispuesto a mis detectivescas “little grey cells” a pronunciarse -cual belga de los mostachos-, en contra del caos y en endecasílabos de castiza corrección.
 
Reconozco al personaje que se ha venido permeando por la ventana de mis sospechas. Me es intelectualmente familiar por sus rayitos de iluminación Kantiana; sé que poquito a poco terminarán inundándome el claustro de mi somnolencia con los Imperativos Categóricos de soleada inexorabilidad.
 
Así visto: ¡todo es luz! y el descrito estado de ética-energética me impulsa filosóficamente a levantarme de un solo e ipso factoide latinazo.
 
Confieso que tan imperiosa ruptura de mi inercia, no obedece exclusivamente a pura voz de Kant(o)-Oh, no!: pues, por aquí hay todo un coro interpretando al unísono: un arsenal de voces diversamente estridentes, de entre las cuales se acaba de incorporar la segunda voz de contra-alto: la del sargento-primero de mis flexiones abdominales, interpretando partituras de comando de su propia inspiración. Y a toque de trompeta militar, me le cuadro en la escena de su debut de hoy.
 
Buenmozo, musculoso, simpático (¡y vestido de “chores”!) Tony Little, es fenotípicamente lo menos parecido a un militar que pueda existir en el mundo real. Para comenzar tiene ¡frondosísima! melena de rubio brillar, danzando al viento, en larga cola de caballo.
 
Adorablemente “plástico” y sin ser sargento (ni siquiera en sueños), es, no obstante, ¡muy real! y eso que nació del vinílico mundo de los VHS los años ´90.  Es el furor de la época en versión del “querer es poder”. De hecho: quiso y ¡lo logró! (vendernos ¡a todos! ese video de ejercicios): evidencia ¡incontrovertible! de que el proceso de enmienda y auto-recuperación depende de ti, solamente de ti  y nada más que de ti. Y por la módica suma de naintín náinti-náin nos garantizó la obtención de eso que nos parecía astronómicamente distante, trabajosamente engorroso y dolorosamente lento: algo que la gente le dio por llamar fitness.
 
Tony viene al Kant(o)…
Si lo pienso bien, no deja de ser embarazoso haber osado vincular a Kant con Little, pero… ¡lo hice! Y, aunque me apene reconocerlo-: ¡viene al caso! Y sin intención de ofender a quien fue capaz de criticar impecablemente a la Razón Pura, pido excusas si el hilo de mi ensayo se hilvanara a su través en bizarra necesidad de ser tontamente controversial.
 
Kant es ético Super-ego y le he dado un lado B en la disciplina estética del pequeño Little (y su conteo de flexiones abdominales) ambos incorporados al fonógrafo de mis imperativos.
Vivito, coleando (y meneando su hermosa cola de caballo), Little le presta pragmática sombra a la categórica imperatividad de la luz kantiana a la que aspiro. Y esto sucede cada vez que se me hace inminente la necesidad de motivarme en la enmienda respectiva. 
 
Si bien tengo todo un coro de voces internas sincronizadas que me mueven a los cambios, estos dos conforman el par antinómico y en co-protagonismo sincronizado dan perfecta armonía al dueto:“cuerpo sano, mente sana” del aria de la perseverancia y del acicate.  Y si bien mutuamente se contrastan, no se excluyen: se potencian, se dan color y -a mi cuento: ¡humor!  Tony viene siendo como un pop-up de subliminal publicidad patrocinando el programa de las ponderaciones filosóficas: el Bugs Bunny de la seria y provecta “sexagenariedad” en la que tan indisciplinada, desordenada y caóticamente me encuentro.
 
 
REVELACIÓN: de sargento a llanero solitario
 
La memoria de toda rutina de disciplina pasada (¿abandonada?) es acústicamente la de un sargento ante rumores de sublevación. Nunca la de un General (¡que jamás grita!) y mucho menos la de un Coronel (que perversamente incita a todo lo contrario: vale decir a la ingesta de ¡pollo frito! en enormes tobos kentukianos).
 
Cada intento de abandono de un régimen estricto da play a un “fondo musical” que ¡retumba! en martillazos de entubado Eustaquio, dando en el tímpano del remordimiento. Queda vibrando -en longitud de onda Lambdiana- de por vida… o hasta estallar en remiendo a tan irreverente ofensiva.
 
Justiciero el reaccionar, provoca el grito de guerra; y al son  de “Hi-Oh, Silver!”, exalta a la suscrita en inspiración y la lanza en cabalgata a lomo del plateado equino de la asertividad, en declamación reparadora: Así que:
“¡Prepárate, lunes, que aquí vengo!: envuelta en una nube de polvo, con la fluorescente carga iónica de un Gatorade potenciado con la efervescencia multi-vitamínica de la buena intención: lista y presta para empezar a restablecer orden, del caos de mi universo”
 
Y digo yo, aquí: en este estado de incandescencia kantiana en la que me encuentro, que no debe haber mucha gente en el mundo que no sienta (a veces) que su vida no es tremendo rollo.
 
Lo cierto es que… hay lunes y ¡¡¡hay lunes!!!  Hoy es el de la  “REVELACIÓN”
 
Rebasando el propio envase del letargo y
Evaluando los bajones de autoestima,
Vemos grande, ancho, hondo y ¡súper largo!
El trayecto de la enmienda (¡y cuesta arriba!)
La sinapsis aumentó contemplaciones y
Anticipa las agendas incumplidas y el
Catastro que anotó acumulaciones
Incorpora correctivas las medidas
Ojalá que alcancen buenas intenciones
Nunca es tarde para hacer reparaciones;
    y pueriles son las consideraciones
    de lo peor que están algunos en Cabimas.
 
Y con iluminación pseudo-kantiana, me he sincerado conmigo misma, declarando inútil y pueril el intento de auto-consolarme con mórbidas ponderaciones sobre el relativamente peor estado de complicación en el que habrán amanecido hoy los demás.
 
 
¡Continuará….!