Indignación.
 
Es, lógicamente, una mínima protesta contra la tiranía y la aberración chavista. Si pudiera hacer más (y ser eficiente con ello) lo haría. Quizás algún día pueda…
Escribir ya es algo; y a mi favor, los clásicos han dicho:
“Scribere est agere”
 
 

Como toda persona educada, inteligente, sensata y sensible de Venezuela,

Me siento impotente, injuriada, indignada
Me faltan palabras, me sobra pasión
Me hierve la sangre, me he visto vejada.
Para tanta desdicha ¡no existe perdón!

Cómo quisiera poder desahogarme:
gritar, patalear, maldecir y berrear;
exigir la respuesta que pueda calmarme,
aliviarme el dolor de este desesperar

Yo sé que no importa, ni sirve de nada,
ni a nadie le ayuda, ni tiene función
expresar mis reclamos ingenuos, del alma,
¡pero es que me salen del corazón!

Se escapan solitos (no puedo evitarlo)
Lamentos de tiempos que no podrán ser.
Momentos perdidos ¿cómo reencontrarlos?
¿Cómo se puede volver al ayer?

Y ¿cómo se puede esperar un „mañana“?
Si  „hoy“ nos prohíben siquiera soñar!
Nos quitan las fuerzas, los medios, las ganas
¿Será que no queda más nada que orar?

Vilezas, bajezas, ¡las hay en la historia!
Tiranos, patanes, traidores: ¡los hay!
Más tanta ignominia  y ¡en carne propia!
Te deja hecha añicos y exiges un „why“?

No hay “la” respuesta, no existen “verdades”.
Las desgracias suceden, los males vendrán.
Son parte del mundo las calamidades
Fatalismos, destinos, ¡siempre acosarán!

Dicen los muy sabios que “a lo hecho, pecho!”
No mires pa´ tras ni te eches a llorar.
Mira hacia adelante  y ¡párate derecho!
Lo peor en la vida es el desesperar.

No tengo respuesta, ni fórmula etérea
No tengo varita, hechizo o poción
Pero tengo un consejo, que es cosa bien seria:
¡No dejes que nada te reste ilusión!  
 
 
No me sorprende ni me hace gracia:
¡Involución por antonomasia!
Me indigna siempre. No me da risa,
pues tengo orgullo de ¡una Iturriza!

Que los principios y los valores
de cultivados, dignos autores
sean destruidos y despreciados
¡duele en el alma! del educado.

Pero te digo, versada amiga,
que aunque lo quieran -y aunque lo digan-
no podrán ¡nunca!, con baja intriga,
Privarnos de eso ¡que nos obliga!