Iridiscente: mi poesía.

Es el arco iris a lo iturrima.
Siempre he tenido fascinación por los colores, los sabores,
las emociones y su infinita interdependencia e interacción.
 
 
 
Me preguntas por los aromas y los sabores (las sensaciones) de los colores….
Ah! ¡Mi especialidad!
 
Cuando el haz del áureo astro atraviesa el viejo prisma
son siete las radiaciones que descompone esa luz:
van de fuego a lo celeste; brillan su ópalo carisma
evocando sensaciones de aquél oriental Ormuz…
 
Dije siete. Analicemos: empecemos por carmín,
para lo que te remito a mi amado Valentín.
No me inhibo y lo transcribo de inmediato y como prueba
de tu hipótesis cromática (y q´ no es del todo nueva)
 
Junto a Valentín profeso que el rojo ¡es un buen color!
El de la huella de un beso y de rosas en fulgor.
El de fresas y frambuesas. Amarantos y corales.
Recetas a la Capresa y largas alfombras reales..
¡Es el kétchup de la vida! Es banderín de coraje.
Es la alerta  que nos cuida y avisa el alto voltaje.
Es don que otorga a la capa su condición voladora.
Es la incógnita en el mapa y es vocal reveladora…
 
Amarillos y verdosos –como el ámbar de mis ojos-
en tonos de uva madura, matizados por mi humor
Agridulces picardías; esperanzados enojos.
Siena de cuentos pasados, difuminado su ardor.
 
Azul. Añiles. Violetas… son al prisma ¡lo imposible!
Nostalgias en terciopelo y de aliento fantasmal.
Encajes que – inexorables –, resultan incoercibles
Oleajes incontenibles, como lo es mi amar actual.