Luis Enrique Iturriza Arocha.

Doctor en Ciencias Médicas.

Mi papá ...

 
Primero y principal, estoy convencida de que esta elegía a mi papá sigue siendo el más grande de mis logros, si bien solo por la osadía de intentar escribirla. Pese a que es una poesía larga, al menos logré concebirla: tratar de expresar “el todo” de mi amor y gratitud; cosa que jamás creí posible.
 
 
 
 
 
Extrañándolo en su cumpleaños del 9 de Marzo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cuando sientas que no puedes, que las cosas se te enredan,
que el camino se envilece y que ya no puedes más
sin la ayuda de un consejo…
Si te pierdes o estás lejos,
sin fijeza, sin destreza;
sin el mapa ni el compás…
 
¡Llámalo!,que allí se encuentra,
allí te espera, allí estará:
Siempre listo,
siempre presto,
a servirle a la Verdad,
a la Vida,
a la Justicia,
al Amor y a la Lealtad.  
 
Él te brinda, te regala y ¡sin pedir! te entregará:
dirección, luz y sentido y tu horizonte expandirá.
Y, por si perdieras foco,
-y todo eso fuera poco-,
un sendero, embarcadero y hasta el rumbo indicará.
 
Cuando, por algún motivo, te alejaras del camino,
te pesaran esas cargas o entorpecieran tu arribo…
Él te ayuda a repararlas,a enderezarlas -y encima:
las reparte, las comparte, las alivia y las arrima.
 
Y si tu, por terca o torpe o por falta de atención,
lo ignoraras, contrariaras  -y le sube la tensión-,
le podrás oír: “¡Te lo dije!”pero ¡nunca un reprochar!
salvo por lo caprichoso que hiciste sin enmendar.
 
Percibimos su Energía,
su Entereza y su Bondad.
Es Maestro, es tu Guía,
tu Patrón de la Verdad.
Es Modelo. Arquetipo.
Precedente y Ejemplar.
Paradigma y un Enigma
para quien no sepa hablar ese idioma: tan sencillo, tan directo y atinado
que - pa´confundirse, amigo -, ¡hay más bien que ser tapado!
 
Justiciero.
Pregoniza: Equidad, Saber, Valor.
Árbitro que tranquiliza.
Tu Abogado Defensor.
 
Es un Ángel de la Guarda,
tu Mentor y tu Tutor.
Nunca miente,
ni pretende
ser un dulcificador.
Pues las canta y te las cuenta,
te las dice -y dicho está-:
Todo aquello que el lamenta
y diste sin quererlo dar.
 
Te acompaña cuando fallas.
Te levanta, tiene fe
en tu temple y en tus mañas,
en tu manera de ser.
 
Cuando encuentras tus fortunas,
se reirá y compartirá.
No lo pide, sí recibe
¡gustoso! lo que le das.
 
Cuando logres tus victorias,
cuando obtengas tus laureles,
tus diplomas y papeles
y hasta tu autoestima y paz,
te aseguro, siempre hubo
algo muy típico suyo:
enseñanzas que hoy recuerdo
con orgullo
¡y mucho más!:
“Ten confianza, ten constancia,
olvídate de arrogancias,
ocúpate de lo tuyo
¡y verás que sí podrás!”
 
No vacila, ni demora tus victorias ensalzar.
¿Tus temores? Te los quita, pues temer ¡es fracasar!
El que teme no le teme sino a sus temores mismos.
Cuando se tiene su sangre, no hay revés ni pesimismo.
 
“No hay huida y no hay yugo; chantajista ni verdugo.
No hay derrota, ni emboscada; medias tintas, medio hacer;
No hay destino sin camino y, aunque te parezca duro,
Llegarás (si así lo quieres). Con empeño: ¡Puede ser!
 
Eso sí, nunca te dejes desanimar por rumores.
No te quejes y no llores por lo que no pudo ser.
Y razona: no hay persona que te pueda crear complejo.
No hagas como el cangrejo… “¡pa´lante con los faroles!”
 
Cuando yerras y “la metes”
-sin querer, por omitir-
con amor te rectifica,
te levanta y reivindica,
te consuela, te lo explica
¡y te lo vuelve a repetir!
 
Sus repuestas: ¡siempre sabias!
Diestras, entendidas, densas.
En significado: intensas,
aunque a veces nos den rabia...
 
Pero, de que eran ¡lo eran!:
“famosas” -como él decía-,
famosas esas consejas,
como “¡a llamar a María!”
 
Sus eternas moralejas,
parábolas y parodias,
sus refranes, sus axiomas,
sus chistes y sus historias.
 
¿Y sus dichos?
No hay más gozo en mi recordar jocoso
que aquél refrán fabuloso y que resultó epopeya.
Lo recuerdo y lo repito a diario -pues dejó huella-:
El cerrar con cuidadito y a pulso “la puerta aquella “…
 
Él te lleva, te conduce y te enseña a manejar.
Modifica, rectifica y también puede callar.
Y es que todo se lo sabe, lo conoce, lo vivió.
Porque nadie siente al mundo tan propio como “El Doctor”.
 
Él es sabio y ordenado, 
educado y, a la vez,
es sencillo,
cual chiquillo
y su signo era el del Pez.
 
Es tenor, pero lo niega.
¿Te digo mi parecer?
¡Que le da palo a Sadel!,
tanto en sentir como en ser!
 
¡No te pierdas sus poemas!
sus arias y sus ensayos.
Sus suturas.
Su  elocuencia
Y su  porte de no-vasallo.
 
Toca el cuatro, canta al arpa,
sabe chistes e hipnotiza
no sólo con su saber,
sino también con su risa.
 
Si es por tesis ¡doctorales!
¡Curriculum y Experiencias!...
Y no hay que pedirle audiencias
para él curarte los males.
 
Y no solo los del cuerpo
ni tampoco sólo el alma,
sino todos sus injertos:
este doctor los empalma.
 
¡Cuánta vocación y apego!
Y le sobra de ese atino
que falta a mucho galeno
de decirle al vino, ¡vino!
 
Se las sabe y te las dice, te las canta y te las ve.
Te critica cuando yerras, si lo haces de mala fe.
“No te dejes -me decía- enceguecer por tu ardor,
cuídate de tus impulsos, de tus ímpetus de amor...
pues te ponen sorda y ciega; te hacen perder razón…”
“Pondera tus emociones; ¡Caso omiso a la pasión!”
”¡Piensa siempre!“ y  ”¡Piensa antes!“
”De bruces nunca has de actuar.”
“Siempre mosca, muchachita, pa´ lante tienes que andar!”
 
Las pocas veces que escucho el nocturno repicar
de esos teléfonos de antes… se me ocurre ponderar:
Si su vida ¿no fue -un poco- por mi llamada esperar,
para servirme de ayuda, para a mi orden estar?
 
Esos teléfonos de antes…
Ese aparato de ayer:
Que ata con su cableado y no lo deja mover
por si acaso... y por si llama… su niña - que debió ser
varón -,  pero que ¡a Dios gracias, le salió buena mujer!
 
¿Cuántas llamadas le hicimos
para el diario consultar?
Y ¡a qué horas nos atrevimos
a timbrazos molestar!
 
Tres repiques ¡y agarraba!
Jamás sentí demorar.
Aquella voz satinada:
te atiende sin reclamar.
 
¡Cuánta falta que nos haces!
¡Cuántas veces miro atrás!  
¡Cuántas veces los “quizases”
nos han hecho amarte más!
 
¡Cuánto te echamos de menos!
¡Cada año un poco más!
Y aunque este verso este lleno
de entonación, sílabas…
No llegan a describirte, ni te he podido esculpir
con metáforas, pues eres ¡quimera del Traducir!
 
A la hora que lo busques presente en tu vida está.
Es cosa de poco ajuste, piensa en él y verás…
Que, en todo lo que te dijo ¡sigue teniendo razón!,
sigue teniendo vigencia tan acertada opinión.
 
Y menos mal que la dijo
-y nos la volvió a repetir-,
porque por eso hoy me rijo
en mi diario decidir.
 
A la hora que lo busques sabe hacer su aparición;
y no es para que te asustes:¡no es fantasma ni ilusión!
 
Pero aparece: ¡está ahí mismo!
-casi lo puedes tocar-,
como si fuera espejismo,
taumatúrgico evocar.
 
Como por arte de magia,
como estrellita fugaz,
Azzaro de la nostalgia
¡ese barbudo locuaz!
 
Veloz cual locomotora.
Sin careta ni antifaz.
¿Tendrá capa voladora?
Pero ¡jamás un disfraz!
 
Muy a tiempo, no lo niega;
y acertado como un Gol;
yo no sé ni cómo llega,
sale y vuelve como el Sol.
 
Por eso es icono pleno,
Y siendo símbolo de honor,
es película de estreno
que te llega al corazón.
 
Es, como decía Don Pancho, refiriéndose a “Luisito”,
al simpático, brillante y ocurrente carricito:
 
“Por su chispa, por lo ameno
y porque brilla cual estrella,
me recuerda nada menos
que ¡al Gran Capitán Centella!”
 
 
                                                                                           iturrima 9 de marzo 09