EL PASO DEL SAN GOTTARDO

Ya se terminó el viaje a Italia. Estamos emprendiendo el regreso a casa.

Dejamos a los Marichalar en pleno suspenso de su novela marital y acabamos de tomar la autopista Milano-Chiasso para llegarle directo a Suiza, lo cual se logra gracias al famoso Paso del San Gottardo.

Para llegar a casa, hay que llegar al Cantón de Berna.
Berna, la famosa ciudad de los osos, no sólo es la capital de la Confederación Helvética, sino también del cantón que lleva su nombre. Para llegarle a Berna desde Italia, primero tienes que hacer el pase del San Gottardo desde Milano, pasar la aduana de Chiasso y atravesar los siguientes 4 cantones: Ticino, Uri, Nidwalden y Lucerna.

Tengo que añadir este capítulo, el del regreso a casa, a mis crónicas, porque es un espectáculo grandioso el atravesar los Alpes en tu propio carro!

Que conste, que desde que escribí mi relato viajero hasta hoy, ya no vivo en mi hermosa casa de Berna, a la cual sí regresé de aquél idílico viaje del 2008. Desde finales del 2009 mi hogar está en el Cantón Nidwalden.

Pero para el caso, es lo mismo. Empecemos a narrar…

Es la primera vez que hago el pase por arriba y manejando yo misma. Me siento muy capaz de hacerlo dados los postgrados que me gané en este viaje por Italia, si bien un tanto nerviosa. Confieso que no soy aventurera por naturaleza; por el contrario. Ante lo nuevo y desconocido tiendo a abstenerme, aunque este defecto lo he venido superando poco a poco, gracias a mi esposo, que cuenta con espíritu pionero de nacimiento, cosa que quedó plenamente comprobada al lector en Rímini.

A una altura de más de 2.000 metros, el San Gottardo es el pase más antiguo y más directo de los Alpes. Si vienes desde Milano, Italia, por la autopista, se te ofrece la opción de atravesarlo por vía de su famoso túnel – cosa nada recomendable si sufres de claustrofobia (con sus casi veinte kilómetros de largo) o lo atraviesas por arriba, lo cual solo se puede hacer cuando el tiempo y, en especial, la ausencia de nieve lo permiten.

Es 5 Octubre y no ha nevado mucho, por lo que está abierto el pase. ¡Qué emoción! Empezamos a culebrear la montaña cuesta arriba y en pocos minutos arribamos a las nieves alpinas.

Aunque no es el caso de hoy, es interesante contarte del paso por dentro, es decir por el túnel mismo. Ese sí lo he hecho ya varias veces. Dicho túnel homónimo, es toda una proeza de la ingeniería de fines del siglo 20. Pero ¡es de doble vía! y no se da abasto en temporadas altas, pues hay que ver los millones de turistas que van y vienen manejando de norte a sur por las Europas en las respectivas temporadas. Las colas que se arman a la entrada del Túnel del San Gottardo en las vacaciones de verano son particularmente famosas, pudiendo perderse en ellas la mayor parte de un precioso día de vacaciones esperando turno para entrarle.

Ni te cuento la de camiones que hay. La policía los va controlando mucho antes de que lleguen a la entrada del túnel y los hace estacionarse – por horas y horas – en el hombrillo, para evitar congestionamientos y hay veces que las colas de gandolas son de varios kilómetros.

Cuando por fin te toca el turno para entrar, el recorrido del túnel es como parte del entretenimiento, pues te aconsejan encender el radio de tu carro y, en aras de distraerte y restarle stress al claustro trayecto, te van dando todo tipo de información por el camino y te la van repitiendo y repitiendo en 4 idiomas diferentes hasta la salida: que si dónde y cómo acceder a las salidas de emergencias; que si las precauciones previas y las medidas posteriores a tomar en caso de: a) fuego; b) accidentes; c) no te lo pierdas: ¡derrumbes! No te debes exceder de la velocidad de 80 k/h, pues hay radares, multas y cachetones garantizados!!! y total que te ponen ¡de un nervioso!, que lo de menos es lo de tu propia memoria, recordando las calamidades y horrores que han sucedido en este mismo túnel el (no muy lejano) pasado.

Hoy nos iremos por arriba, con la expectativa de imbuirnos los sentidos con 360° de panorama alpino. Tal como lo habrán visto aquellas legendarias tropas romana, cuando marchaban en ambiciosa búsqueda de conquistas Gálicas, trascendiendo obstáculos inimaginables. Hasta la proeza épica del propio Aníbal con sus elefantes. Es increíble, pero para poder llegar a expandirse hasta occidente, esos famosos ejércitos primero tuvieron que salir de Italia, lo cual solo se logra – por tierra – atravesando el gran San Gottardo.

¡Esos Romanos! Uno de mis temas históricos preferidos.

Nunca hay que olvidarse que, para empezar su proeza conquistadora, ¡primero tuvieron que construir esos caminos, puentes y carreteras! Atravesarlos a caballo, a pie y en esas famosas chancletas romanas que tan incómodas se ven en las propias producciones épicas de Hollywood.  ¿Cómo habrá sido eso, si a uno mismo, en este siglo del Goretex y con tremendas botas “Columbia” se le enfrían los dedos de los pies a mucho menos altura que esa!

¡Cuántas centurias! Y cuantos peligros se habrán enfrentado; cuántas barreras y fronteras e impedimentos humanos, geográficos y logísticos ¡y todos vencidos!, pues en esa Roma de entonces no había excusa para el fracaso! Todo eso, motivados por el solo ideal de expandir a Roma. 

Y henos aquí hoy, a Daniel y a mí, recorriendo paisajes y entornos que han atestiguado tanta épica! Y por puro gusto.

Ya lo he dicho: El San Gottardo es pase obligatorio para llegar a mi casa, como también lo fue para los romanos (claro que no para verme a mí) y como lo es para todos los que pretendan transitar por tierra de norte a sur por el continente europeo.

El San Gottardo es la montaña, cuyo pase alpino y túnel interminable te permite accederle desde la parte italiana de suiza (Cantón del Ticino) hasta su parte alemana (Cantón de Uri). Específicamente, vincula las ciudades de Airolo con la de Göschenen.

Ahora sí, prepárate para vivenciar conmigo imponentes vistas de montañas, valles, lagos y carreteras ondulantes y vertiginosas.

Serpenteando por la montaña, nos cruzamos con un par de esos famosos autobuses amarillos (Post-Autos), cuyas versiones modernas transportan cómodamente a sus pasajeros, con toda la puntualidad que tipifica a los suizos. Dichos Post-autos tienen su origen en las antiguas carretas del correo, que llevaban y traían encomiendas de un pueblito (de difícil acceso) al otro (peor aún). Posiblemente, también venían cargando señas, planes e instrucciones del padre de la Helvecia: Guillermo Tell, queriendo dirigirse a sus secuaces a fines de preparar la revolución campesina de la edad media que echaría a la malvada dinastía de los Habsburg de su fértil tierra.

¿¡Cuántos cuentos no tiene Europa escondidos en cada puentecito, en cada pase de montaña, en cada riachuelo y cada carreta postal!?
En fin, seguimos serpenteando por nuestra vertiginosa protagonista de hoy. ¡Qué impresionante que es de verdad esta montaña, bautizada con el nombre de un gran Santo de Bavaria. “St. Gotthard von Hildesheim”, el santo patrono de los mercaderes ambulantes. ¡Algo así como del incipiente buhonerismo medieval! Beato, dicen, por el hospicio que él diera (en vida) a aquellos dignos comerciantes de otrora y que, posteriormente, sirviera al beneplácito de todos los demás viajeros y peregrinos de la región alpina.
Vamos virando, curva tras curva, hipnotizándonos con el paisaje que nos ofrece cada una de ellas. Hoy en día está todo asfaltadito. Hay partes en que la vía (de ahora) es más recta que la carretera vieja, válida hasta  hace pocos años. Me imagino lo que habrán demorado los Gmür hace más de 40 años en el solo atravesar de cantones antes de poder llegarle a la Rímini de sus vacaciones de agosto.
Vamos andando a buen paso. Estamos como en el cine, cómodamente sentados en butacas ergonómicas, con transmisión hidráulica, amortiguación de lujo y sobre todo ¡con calefacción!, deleitándonos con el panorama, imbuyendo geografía, historia y meteorología mientras andamos.
Muy distinto al modo en que lo habrán hecho aquellas viejas carretas de madera, centenares de años antes que nosotros, cargadas y repletas de bienes, correspondencia, pasajeros y noticias, que rodarían, a duras penas, cuesta arriba, a la merced de vientos y nieblas, bandidos, animales feroces y temporales...Días y días de viaje para llegar a la parada de la cima, ansiosos de encontrar albergo, refugio y sosiego. Esas posadas – del generoso Gottardo – oasis para hombre y bestia, ofreciendo hoguera y alimento a hombres de aventura, osadía y ambiciones incomparables.
Y aquí mismo, en el presente de nuestro regreso a casa, sigue habiendo tales restaurantes y miradores, abiertos a turistas, transeúntes, comerciantes o no. Y me pregunto: ¿Cómo habrían hecho entonces para abastecer a aquellas posadas de otrora? ¿Cuántas anécdotas más de tragedias, avalanchas, bloqueos, desvíos, trampas, traiciones, emboscadas tendrá el San Gottardo por revelarnos, si pudiera hablar?
Bajando por el otro lado del Gottardo, nos esperan (uno por uno) 2 de 3 los primeros cantones que formaron la alianza original helvética. Suiza, originalmente ­– por ahí por el 1290 ­– solo constaba de tres cantones (ahora son 26). Pero no te voy a dar clases de historia de Suiza... solo quería que supieras que Guillermo Tell, era de Uri y que yo ahora vivo en Nidwalden. El otro cantón es Schwyz y de ahí el nombre “Switzerland”.

Atravesamos Uri y Nidwalden, con sus famosos lagos y pasamos tangencialmente por Lucerna, para llegarle a Berna. Dejamos atrás el níveo manto del paisaje alpino y llegamos a Berna donde un cálido día otoñal nos recibe para contrastar percepciones. Los árboles y arbustos están vestidos de esos colores de gala que despiden al verano. Estamos felices y renovados. A la vez, crecidos y viejos: sabios, llenos de esa riqueza que da el tiempo y la distancia bien aprovechados.

Con cada nuevo regreso a casa, se enriquece el hogar.
 
 

Siento una emoción tan grande

 

Panorama épico

 

La carretera vieja

 

Hospental en la bajada

 

Mouse hole

 

Serpenteando por Gottardo

 

Minci y el mamotreto en Gottardo

 

Postautos

 

El padre de la Helvecia

 

Mi nuevo cantón-hogar Nidwalden

 

Mi nuevo cantón-hogar Berna

 

Llegué a casa!