Será que...?

Es una pregunta que todavía no me han respondido. El personaje a quien le urjo respuesta no sabe que la estoy esperando.
 
 
 
Será que debí haber dicho...
Que no importa.
Que no duele.
Que no hay culpa
y ya pasó…
Que lo malo
no fue adrede
y perdonar no me costó…?

Será que debí haber dicho…
Que se olvide.
Que olvidemos.
Que sonriamos otra vez.
Que la herida
fue mentira…
¡yo con mi testarudez!

Si es que acaso te dijera:
Que lo dicho fue un mal chiste
Que no importa
Que no duele…
Que no sirven los “porqués”
Que intentemos,
por lo menos
regresar a “lo de antes”,
a la tierra del pasado:
donde nada es como hoy es…

Dime, entonces,
pues presiento
que no entiendes
– o no sabes –
contestarme esta pregunta:
¿Qué sería ese regresar?
¿Qué es verdad? y ¿qué es mentira?
¿Qué dirías y qué omitieras?
¿Qué sería lo que ocurriera…?
Y…  si mintieras: ¿qué más da?

Porsiacaso…
y por ti fuera,
si pudieras
ser sincera
¿volverías a algún  “entonces”?
Y di, por favor: ¿a cuál?

¿Cuál entorno serviría?
Por cual te definirías
¿Cuál – por fin – elegirías?
¿Hay alguno, ¿o te da igual?

Lo que pasa es que no puedo,
no he sabido – ni querido –
pretender que – sola–  debo
dejar todo “así no más”.
 Es por eso que pregunto:
¿no es mejor decir verdades
­ por ser autenticidades
opuestas a lo falaz?

Y aunque ellas nos separen;
nos distingan, nos alejen;
nos confronten, nos despeguen…
¿No es mejor la honestidad…
a vivir con las mentiras,
escondiendo – ¡hasta fingiendo! –
Despreciando y aguantando,
para aparentar la paz?

Paz precaria.
¡Hipocresía!
Inestable, inconsecuente.
Injuriosa, inexistente.
¡Infracción a la lealtad!

Pues las cosas que nos hieren,
nos indignan y revuelven
– mientras más disimulemos –
nos llevan ¡al detestar!

¿Es mejor vivir mintiendo,
suprimiendo pensamientos?
¿Es mejor sonreír sin ganas
 y fingir complicidad?
…que oponerte,
definirte,
cuestionarte y corregirte;
Rechazar lo que no es “propio”
y hacerlo con dignidad…?

¿Es mejor – cual avestruces – las cabezas enterrar?
¿Dar la vuelta,
 dar la espalda,
 las miradas esquivar?

¡No! ¡No! y ¡No!

¡No es mejor no dar la cara
que mirar con frente en alto!
Dar la cara: ¡es dar la mano!,
¡Dar  certeza!,
 ¡Amistad!
¡Darte en serio!, 
¡”Ser”, de veras!,
¡Ver la vida “de verdad”!

 ¿Qué es mejor, de más pureza?
¿Qué prefieres?
 ¿A qué aspiras?
¿A tener: verdad (rareza) …
o a jugar que la tendrás?

¡Qué magnífico sería
que dijeras
muy sincera
– a tu paso, a tu manera –
y con ganas de enmendar:
Que este rollo
no lo viste.
No entendiste
Ni  intentaste…
– a pulso – ¡hasta te opusiste!
a hablar y a solucionar.

Qué alivio poder decirte
que no siento sin sabores …
que silencios y evasiones,
no me pudieron herir..

Que el beige de tus actuaciones
– injuriosas omisiones –
ni me duelen, ni me afectan:
y ¡sin ti pude vivir!

Me crees dura.  
Intransigente;
Estricta e inaccesible
Inmutable, impertinente
Incapaz de dar perdón…

Que no lloro, ni estoy triste,
ni me importa lo que hiciste
pues soy yo la equivocada
y te debo admiración.

¡Qué de fácil!
(Si pudiera…)
¡Qué sencillo que sería!:
Poder ser otra persona
con otro modo de ser …
Otra: que nunca exigiera,
y complacerte pudiera
Te dejara “ser” y que viera
la vida a tu parecer.

Una que no te enfrentara
ni tampoco cuestionara.
Te tolerara y dijera
cosas tenues, sin matiz.
Cosas tibias, cosas blandas,
cosas intrascendentales
de esas que llaman banales:
inocuas y sin barniz.

 “Que la vida es la culpable”
“Que las cosas son así”
“Que comprendo y que lamento
si, al ser como soy, te herí…”

Me pregunto ¿qué habría sido?
si yo te hubiera “salido”
la persona que ideaste,
la que no te ve al revés?
Que adulara con cumplidos,
que hasta te hubiera aplaudido
¿eso hubieras preferido
como amiga en tu vejez?

Soy – de esa –  su “alter ego”
El desafío. La rebelión
Pues siempre a todo le agrego
crítica, falla y error.

Soy crisis: encrucijada,
lo mío es disquisición.
Y, al no estar con la manada,
¡tú crees eso “inquisición”!

Y con gusto te diría…
– o tendría que haberte dicho –
¿Será que mejor sería
que nada se hubiera dicho?

Que no importa…
Y que no duele…
Que no hay culpa
¡y ya pasó!
Que lo malo
no fue adrede
¡y perdonar no nos costó! (¿?)